CAPÍTULO 16
Cuando empiezo el vaivén lento, profundo y devastador de la penetración, Mía gime muy alto, un sonido roto que reverbera con fuerza en las paredes de la suite imperial. Siento la urgencia primitiva e incontrolable de volver a escuchar esa deliciosa melodía erótica una y otra vez mientras entro y salgo de su coño, devorando su calor. Ella enarca su espalda con violencia, despegándola por completo del colchón, y me pide más, clavando sus uñas en mis hombros. Oír sus gemidos descontrolados me excit