CAPÍTULO 15
Al hacer un suave y electrizante roce con nuestros labios, los míos arden de inmediato ante la insaciable urgencia de querer devorar los suyos por completo, sin perder el tiempo en absurdos dilemas morales o rivalidades corporativas. Con un movimiento felino y calculador, Mía se gira de espaldas y empieza a rozar su trasero firme directamente contra mi abrumadora erección. Ejecuta sin prisa el mismo baile sensual y rítmico que me prendió fuego hace poco en el centro de la suite imperial, volvién