CAPÍTULO 14
Ella lo nota de inmediato; mi respiración contenida y la fijeza de mi mirada me delatan por completo. Con una sonrisa felina dibujada en los labios, se acerca a mí contoneando sus caderas con una lentitud tortuosa y deliberada. Trago saliva con dificultad al sentir cómo un olor exquisito, tan dulce como la miel silvestre y mezclado con el calor de su piel limpia, impregna mis fosas nasales con una intensidad casi embriagadora. Sin romper el contacto visual, Mía comienza a mover su cuerpo en un b