Capítulo 20.
Cerré el libro y miré hacia la pequeña ventana de la habitación. Elian se había quedado dormido en un rincón, acurrucado con la cabeza sobre sus brazos mientras yo leía. Apreté los labios al pensar en lo que acababa de descubrir.
Y eso… no había traído claridad a la situación con el rey, ni a mi supuesto papel como su pareja.
No quise despertar al cachorro, así que me sumí en mis pensamientos.
Todo lo que el libro narraba hablaba de la historia de Helen, sí, pero también de los otros dos reinos: Dromel y Nimer.
Yo sabía algo sobre los inicios de mi antiguo reino —mierda— y, sin temor a equivocarme, podía decir que no era la misma historia.
El libro y mis conocimientos coincidían en ciertos puntos:
Hace mucho tiempo, los lobos habitaron tierras vastas y fértiles, hasta que los humanos llegaron y los expulsaron de sus hogares. Sus ancestros, lejos de buscar guerra con los humanos, decidieron adentrarse en un continente inexplorado, buscando un refugio donde pudieran vivir sin conflictos