Rafael quedó petrificado, ajeno a todo cuanto lo rodeaba.
Una furia repentina se apoderó de él. Sujetó al director por el cuello de la camisa.
—¿Por qué nadie me informó de algo tan grave?
Intimidado por su expresión, el director bajó la voz.
—Fue… fue su esposa quien dijo que no era necesario avisarle. Su suegro murió en el hospital y nunca regresó al centro. La señora dijo que ya había organizado el entierro de su padre.
El aire pareció solidificarse.
Rafael lo miró con los ojos muy abiertos.