—¡Eso es imposible!
Rafael abrió los ojos de par en par y clavó la mirada en su asistente.
El hombre palideció. Después de vacilar durante varios segundos, logró responder:
—El tribunal confirmó que la sentencia de divorcio ya es definitiva.
—¿Definitiva? ¡Yo nunca acepté divorciarme!
Rafael no quiso escuchar más. Le zumbaba la cabeza como si estuviera a punto de estallar. Lo único que deseaba era encontrar a Natalia y exigirle una explicación.
Le arrebató las llaves del automóvil a su asistente