—Señorita López, ¡estoy de acuerdo en indemnizar a la empresa por los daños!
Natalie contestó con calma, —Muy bien. Depositas el dinero en la cuenta de la empresa. Si haces algo así de nuevo, dejas tu dimisión sobre mi mesa.
Enrique apretó los dientes ante las palabras de Natalie y se mofó: —Señorita López, no te preocupes. No olvidaré lo que ha pasado hoy, ¡y nunca habrá otra vez!
—También espero que el señor Rojas recuerde esta lección.
Enrique volvió a su despacho con rabia en los ojos. ¡No d