El domingo había llegado como una brisa suave después de una semana intensa. Isabella abrió las cortinas de su habitación y dejó que la luz del sol acariciara su rostro. Amaba los domingos. No había juntas, no había correos urgentes ni horarios apretados. Ese día era para ella… o al menos eso esperaba.
Mientras tomaba su café en la terraza de su departamento, Sofía salió de su habitación con una sonrisa traviesa dibujada en los labios y una camiseta ancha que claramente no le pertenecía. Se dej