El cielo estaba gris cuando el avión despegó.
Isabella miró por la ventanilla sin decir una palabra, los labios apretados, el corazón encogido. El paisaje comenzó a achicarse hasta desaparecer entre nubes. En su regazo, sus manos tensas sostenían la manta que le ofrecieron antes de despegar. A su lado, Marcos también guardaba silencio. No había intentado tocarla. No había vuelto a buscarla con una palabra, ni con una mirada.
Habían salido del hotel temprano, como si nada hubiera pasado la noche