El restaurante tenía una elegancia sobria, casi regia. Las lámparas de araña colgaban del techo como coronas suspendidas, y el suave murmullo del italiano mezclado con el tintinear de copas creaba un ambiente de sofisticación. Era la última cena antes de regresar a casa, la velada que celebraba el éxito de los acuerdos firmados entre D’Alessio Vanguardia y un grupo de inversionistas extranjeros que deseaban abrir puertas en América Latina.
Isabella había llegado con su porte habitual: segura, e