La suite estaba en silencio. Solo el suave crujido del viento contra las ventanas del piso veintiuno rompía la calma artificial de la habitación. Las luces estaban bajas. El aire acondicionado zumbaba sutilmente. Y sin embargo, dentro de Isabella, había una tormenta que nada tenía que ver con el clima exterior.
Cuando salió del baño, con una bata blanca del hotel ajustada con firmeza al cuerpo, lo encontró ya en la habitación principal, quitándose la camisa frente a la cama king size.
Su espald