Marcos reaccionó tarde. Cerró los ojos un instante. Se pasó la mano por la nuca, frustrado.
—Quiero decir… —murmuró—. Eres parte de mi equipo. De mi empresa. Eso significa que debo cuidarte. No quise decirlo de otra forma.
—¿Ah, no? —preguntó ella, con una mezcla de sarcasmo y desconcierto—. Porque sonó exactamente como si me reclamaras como tuya. Como si fuera un objeto corporativo.
—No eres un objeto.
—Entonces no te comportes como si lo fuera.
El silencio volvió, ahora más frío. Pero también