El avión ya surcaba el cielo europeo. Abajo, solo un mar de nubes gris perla cubría el continente que lentamente iban atravesando. El zumbido del motor era constante, envolvente, como una canción monótona que anestesiaba los pensamientos.
La mayoría del personal de a bordo se había retirado hacia la parte trasera del jet. Solo quedaban ellos dos, sentados en la primera fila de asientos ejecutivos, separados por un estrecho descansabrazos, inmersos en documentos y archivos digitales proyectados