Milán caía lentamente en la noche, como si el cielo supiera que la ciudad no duerme, solo cambia de ritmo. Los edificios de piedra blanca y mármol comenzaban a iluminarse uno por uno, reflejándose en los escaparates de tiendas exclusivas y los autos de lujo que se deslizaban por las avenidas como sombras bien vestidas.
El restaurante seleccionado para la cena estaba ubicado en la planta superior de un histórico edificio restaurado. Se llamaba Rivale, y su interior parecía una mezcla entre una g