El amanecer apenas despuntaba cuando Isabella llegó al aeropuerto privado donde saldría el jet corporativo de D’Alessio Vanguardia. La ciudad aún bostezaba, sumida en la bruma de una mañana templada, mientras ella avanzaba con paso seguro, aunque por dentro todo se sentía frágil. Las calles estaban vacías, el cielo teñido de tonos azul acero, y el rumor de los motores de taxis y vehículos ejecutivos apenas rozaba sus sentidos.
Vestía un abrigo beige claro, entallado en la cintura, que caía con