La casa estaba en silencio, envuelta en una calma que solo se rompía por el leve susurro del viento nocturno que se colaba por las rendijas de las ventanas. Isabella había terminado de revisar por tercera vez su maleta. Todo estaba en orden: documentos, ropa formal, cargadores, incluso un libro que sabía que probablemente no tendría tiempo de leer. Pero no era el equipaje lo que la inquietaba… era el vacío que iba a dejar por unos días.
Cerró la cremallera y caminó descalza por el pasillo ilumi