El silencio entre ellos se había hecho cómodo. O, al menos, soportablemente íntimo.
La cocina estaba en penumbra, iluminada por una sola lámpara cálida que proyectaba sombras suaves sobre los azulejos de mármol. Isabella sostenía la taza de té entre sus manos, aunque no bebía. Marcos la observaba de perfil, con el pecho aún desnudo, el cabello desordenado y la mirada fija en ella como si el mundo no existiera fuera de ese instante.
Ella sentía su cercanía.
Demasiado.
El calor que irradiaba su c