El gran día había llegado. Desde la madrugada, la mansión D’Alessio y la residencia de Isabella estaban envueltas en una mezcla de emoción, nerviosismo y un frenético ir y venir de asistentes, floristas, maquilladores, fotógrafos y coordinadores. Cada rincón parecía brillar con un cuidado meticuloso: los arreglos florales estaban perfectos, la música preparada, la decoración lista, y los últimos detalles del vestido de Isabella revisados una y otra vez.
Isabella despertó antes del amanecer. Su