El médico seguía temblando, jadeando detrás de la sábana que le comprimía la boca. La herida superficial en su pierna comenzaba a teñirse de rojo, y cada vez que movía el músculo, su cuerpo entero se sacudía de dolor. Camilo lo observaba con esa calma siniestra que sólo mostraba cuando estaba realmente molesto.
Marcos respiraba lento, profundo… tratando de no perder la cordura. Y el médico, a pesar de todo, seguía sin hablar. Seguía aferrándose a ese último hilo de resistencia, quizás esperando