Capítulo 262: Que confiese.
La camioneta avanzó por la carretera polvorienta sin que nadie dentro dijera una palabra. El silencio era tan espeso que cada respiración se escuchaba como un trueno. Antonio, atado y con la sábana aún entre los dientes, temblaba sin control. Sus ojos estaban completamente abiertos, rodando de un lado a otro, como si buscara una salida que sabía que no encontraría.
Cuando Camilo estacionó frente a la bodega, la escena era peor de lo que Antonio alcanzó a imaginar. El edificio tenía muros desgas