La luz pálida de la mañana se coló tímidamente por entre las rendijas de las cortinas, acariciando la habitación con una suavidad casi cómplice. Afuera, la tormenta había cesado. Solo quedaban charcos dispersos y un cielo nublado que parecía seguir conteniendo secretos.
Marcos abrió los ojos con lentitud. Tardó unos segundos en recordar dónde estaba… y con quién. Lo supo al sentir el cuerpo tibio junto al suyo, el aroma tenue de lavanda que todavía flotaba en el aire, y el murmullo suave de una