La camioneta oscura se detuvo frente al imponente edificio del Grupo Valera, un monstruo de acero y vidrio que parecía observarlos desde lo alto con arrogancia. Marcos se bajó primero, respirando con dificultad, pero con los ojos llenos de determinación. Fernando caminó a su lado, atento a cada gesto, preparado para sostenerlo si flaqueaba.
Al entrar al lobby, varios empleados les lanzaron miradas nerviosas. Nadie se atrevió a detenerlos mientras cruzaban directo al ascensor. El ambiente se ten