El silencio del cuarto nuevamente se hizo pesado. No era el silencio incómodo de antes… era otro. Era un silencio que dolía, que abría espacios donde antes solo había rabia.
Marcos seguía mirando la cicatriz de Fernando. La suya ardía bajo la bata, como si de pronto ambas heridas empezaran a latir al mismo tiempo.
Entonces, algo en su cabeza hizo “clic”.
Un pensamiento frío. Lógico. Terrible.
Marcos frunció el ceño, levantó la mano y se tocó el costado nuevamente, exactamente el mismo costado d