La habitación permanecía en penumbra, iluminada solo por la tenue luz que se filtraba desde el pasillo. Fernando permaneció de pie un momento, respirando hondo, creyendo firmemente que Marcos seguía dormido. Esa falsa quietud le dio el valor que nunca había tenido, el permiso que jamás se permitió cuando estaban frente a frente.
Se acercó un par de pasos, lo suficiente para verlo de cerca. La palidez. El cansancio. El desgaste. Y aun así, esa terquedad intacta en su expresión incluso dormido.
F