Isabella subió al taxi con pasos temblorosos, la lluvia golpeaba con fuerza el parabrisas mientras el conductor arrancaba con suavidad. La noche estaba teñida de luces amarillas que se reflejaban en los charcos, y cada destello parecía multiplicar la soledad que la envolvía.
Se acomodó en el asiento, abrazándose a sí misma, sintiendo cómo el frío de la lluvia calaba hasta los huesos de su alma. La cabeza le daba vueltas, su corazón latía descontrolado y cada recuerdo de Marcos le quemaba como f