La noche había caído sobre la mansión con un silencio que se sentía pesado, casi solemne. El reloj marcaba exactamente las ocho cuando los faros del auto de Marcos D’Alessio se proyectaron sobre la entrada principal. Su puntualidad, como siempre, era impecable. Bajó del vehículo con paso firme, el rostro serio y el gesto sereno, aunque en el fondo sabía que la calma que mostraba no era más que una máscara para disimular la incomodidad que le causaba la cita con su tía.
Dentro de la mansión, Vic