La mansión estaba en completo silencio, solo interrumpido por el tic-tac del reloj de pared que parecía avanzar con lentitud interminable. Victoria se encontraba sentada en el sillón del salón principal, con una copa de vino entre las manos, observando la tenue luz que se filtraba por los ventanales. La noche avanzaba y con ella crecía la impaciencia en su interior. Cada sonido de pasos o de coches afuera la hacía levantar la vista con la esperanza de ver aparecer a Marcos, pero el vacío del co