El auto se parqueó frente a la lujosa residencia de Isabella. El motor se apagó, y el silencio nocturno la envolvió de golpe. Pasó la tarjeta por el lector en la entrada, escuchó el pitido metálico y el portón se abrió con suavidad. Todo parecía igual que siempre, pero dentro de ella nada estaba en su lugar.
El eco de las palabras de Camilo resonaba aún en sus oídos. “¿Por fin me vas a presentar a tu esposa?”. Esa simple frase había derrumbado el mundo que Isabella creía seguro. Esposa. Marcos