El bullicio del bar de élite no le hacía justicia.
Zander Perseus se encontraba en uno de los rincones más exclusivos, rodeado de copas de cristal que tintineaban al son de risas forzadas y un jazz suave.
El aire estaba impregnado de un aroma a whisky añejo y el humo de puros cubanos, un escenario que, para cualquier otro, sería el epítome del éxito. Pero Zander, con su imponente figura, parecía ajeno a todo.
Su mirada estaba completamente perdida, como si su mente estuviera en un lugar inalcan