La luz de la mañana sobre Ciudad A tenía una cualidad dorada y purificadora, como si el sol mismo hubiera decidido lavar los últimos vestigios de la pólvora y el salitre amargo que durante décadas impregnaron sus muelles.
El evento que la ciudad entera había esperado —y que los mercados internacionales observaban con la respiración contenida— finalmente había llegado: la inauguración de la Terminal Selene, el complejo portuario más avanzado del Mediterráneo y el símbolo definitivo del nuevo ord