Selene no había dado más de dos pasos para intentar salir del aeropuerto cuando el aire a su alrededor se volvió denso.
Como si de una coreografía militar se tratara, varios hombres de hombros anchos y trajes oscuros la rodearon, formando un muro humano infranqueable.
Selene sintió un escalofrío: aquellos no eran hombres de los Sartori; no eran sus guardias.
La niñera de Atlas, una mujer joven, pero de instintos feroces, se puso inmediatamente delante de Selene y el niño, extendiendo los brazos