―¡Mi pequeño bebé! —La voz de la anciana se escuchaba completamente animada, mientras Zander la observaba con una pequeña sonrisa divertida.
―Abuela... no soy un bebé, ya lo hemos hablado muchas veces. Pero hoy te perdonaré porque eres la protagonista de la fiesta... —La anciana río a carcajadas ante las palabras de Zander.
El hombre se veía imponente ante la pequeña anciana: un hombre de un metro noventa, tatuado y con perforaciones, era sin duda todo lo contrario a la recatada mujer que vestí