―Me ignoró, Ariadne. Me llamó "Señor Perseus" y me trató con una frialdad tétrica, como si fuera un extraño que apenas tolera. ¿Lo notaste?
Zander caminaba de un lado a otro en su despacho, sus pasos resonando como golpes de tambor en el suelo de mármol.
Estaba tenso, con los hombros rígidos y la mirada encendida en un verde radioactivo.
Ariadne lo observaba desde el sofá, permaneciendo en un silencio prudente. Hacía años que no veía a Zander así; la última vez había sido cuando recibió la noti