Dentro de la habitación, el tiempo parecía haberse detenido en una época de opulencia y decadencia.
El olor a incienso, maderas nobles y potentes medicamentos dominaba el ambiente.
La abuela Perseus estaba postrada en su cama con dosel, luciendo más frágil que nunca; su piel parecía papel pergamino, pero sus ojos mantenían esa aura de autoridad inquebrantable que siempre la había caracterizado.
Al ver a Selene, una chispa de vida auténtica iluminó su mirada.
―Has vuelto… ―susurró la anciana con