La luz de la mañana en Ciudad A entró por los ventanales de la mansión Perseus con una claridad hiriente, iluminando las partículas de polvo que danzaban en el aire del despacho.
Zander se encontraba de pie, ajustándose el nudo de su corbata frente al espejo de caoba.
Su reflejo le devolvía la imagen de un hombre que había alcanzado la cima del mundo, pero cuyos ojos conservaban la alerta constante de quien sabe que la caída es el único destino posible para un Rey sin corona legítima.
Selene, s