El motor diésel de la camioneta de Daniel emitió un último soplido ahogado cuando el médico cortó el encendido. Había logrado meter el todoterreno en el interior de un antiguo cobertizo de mantenimiento ferroviario, una estructura de chapa galvanizada y vigas de madera carcomida que apenas se mantenía en pie junto a las vías muertas. Fuera, la tormenta seguía castigando el techo metálico con un estruendo ensordecedor que, al menos, servía para camuflar cualquier ruido que hicieran dentro.
Daniel