La corriente helada y turbulenta de los canales pluviales arrastró el cuerpo de Marcus Castellano a lo largo de casi un kilómetro de oscuridad subterránea. El impacto del agua y los constantes golpes contra las paredes de piedra del túnel actuaron como un anestésico brutal, sumergiéndolo en un letargo del que estuvo a punto de no despertar. Cuando la canalización llegó a su fin, la presión del agua lo expulsó con violencia a través de una boca de tormenta abierta, haciéndolo rodar por la pendie