El silencio que siguió a la partida de Bianca era engañoso. Dentro de la villa, el viento soplaba con fuerza a través del ventanal roto, haciendo ondear las cortinas como fantasmas blancos. Steve seguía arrodillado en el suelo, rodeando a Elena con sus brazos, sintiendo cómo el corazón de ella martilleaba contra su propio pecho. Marcus, a unos metros de distancia, se apoyaba contra una columna, limpiándose la sangre de la cara con la manga de su camisa destrozada, mirando al suelo con una mezcl