El crepúsculo caía como un manto de sangre sobre el campamento improvisado. Las llamas de la fogata crepitaban, lanzando chispas al cielo oscuro, y el aire olía a humo, sudor y a la tensión latente de un grupo que sabía que cada segundo de calma era solo una pausa antes del próximo asalto del caos.
Aurora se encontraba sentada cerca del fuego, sus dedos acariciando distraídamente su vientre. Aunque su embarazo apenas era visible, su cuerpo le recordaba cada día que crecía algo dentro de ella: u