La noche se había asentado con un manto de silencio tenso sobre el campamento, solo interrumpido por el crujido de las llamas de la fogata. Aurora y Damien permanecían cerca uno del otro, el recuerdo de sus palabras compartidas resonando en el espacio entre ellos. Pero, incluso envueltos en la intimidad de su unión, la sombra de la amenaza persistía, acechando en cada rincón oscuro.
Aurora se despertó sobresaltada, sudor frío en la frente y la respiración entrecortada. Había soñado con la Orden