La niebla se tornaba más espesa a medida que el grupo avanzaba. El bosque, antes un espacio opresivo pero pasable, ahora parecía un laberinto interminable. Aurora mantenía una mano extendida hacia adelante, sintiendo el aire denso como si intentara tocarla. Detrás de ella, Damien se mantenía cerca, su presencia una mezcla reconfortante y protectora. Freya, Elias y Kael cerraban el grupo, sus ojos vigilantes a cualquier amenaza.
—Esto no es natural —murmuró Elias, rompiendo el silencio. Su voz e