NAHIA
Su mirada me consume.
Lentamente, brutalmente.
No me mira, me penetra con sus ojos. Me atraviesa con una intensidad que me da vértigo.
No habla. No sonríe. Me devora, sin moverse, sin una palabra.
Y sin embargo, me siento despojada.
Avanza con un paso, luego otro.
Nada es apresurado, todo es calculado, controlado. No necesita apresurarse. Sabe que ya soy suya.
Sus botas golpean suavemente el suelo, y cada sonido resuena en mi pecho como un eco sordo.
Retrocedo con un suspiro, incapaz de h