NAHIA
El pasillo parece retorcerse a mi alrededor, cerrándose como una mandíbula de acero.
Tropiezo.
No sé si es el suelo el que tambalea o soy yo.
Quizás ambas cosas. Quizás el mundo entero se ha puesto a inclinarse, a deslizarse, a hundirse en silencio.
Camila habla. Creo que habla. Veo su boca moverse, sus ojos gritar, sus manos agitarse en el vacío. Me lanza palabras como se arroja una cuerda a una ahogada. Pero no puedo atraparlas.
Todo está demasiado lejos.
Demasiado tarde.