Capítulo 31

—Es muy lindo, y demasiado romántico para mi gusto —acotó con cautela para no lastimar la sensibilidad de Alan.

—¿Eres una chica salvaje? —La tomó de la cintura y la volteó para verla directamente a los ojos.

—No sé si soy salvaje. —Sonrió apenada—. Pero sí me gusta la aventura.

—Hubiese jurado que eras una chica tranquila, a pesar de tu temperamento.

—¿Por qué? —musitó ella.

—Quizás suene a cliché, pero como eres pintora asumí que te gustaba el interior, más que la aventura.

—¿Creíste que era
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