—Mili abre la puerta —pidió Alan intentando abrir la puerta.
—Claro que no lo haré —protestó a los gritos la joven.
—Vamos amor —dijo casi sin pensar—. Ábreme.
—No voy a abrirte, y no me digas mi amor.
—No quiero seguir hablando con la puerta de por medio. ¡Abre!
—Que no, cabrón. ¡Vete!
—Me iré cuando hablemos —sentenció y se sentó en el suelo a un lado de la entrada.
—quiero hablar contigo, eres un fraude —espetó del otro lado de la puerta.
—No me conoces.
—Sé lo suficiente cómo para s