1 mes después
Milagros ingresaba a la casa con Anton dormido en sus brazos, y detrás de ella su esposo Alan quien cargaba a Martina. La joven lo miró con amor y él le devolvió el gesto con una sonrisa, tras darle un beso en los labios decidió romper el silencio.
—Iré por el equipaje en lo que acuestas a los mellizos.
—No hace falta que vayas ahora, tenemos tiempo —acotó agotada dejándose caer sobre el sofá.
—Tomará unos minutos, además debo cerrar el auto, lo dejé abierto.
—¡De acuerdo!