—Acaso no escuchas —espetó molesto—. Qué la casa puede ser tuya, pero hay una condición.
—Ya me parecía demasiada bondad de tu parte —comentó ladeando la cabeza hacia la derecha—. ¿Cuál es la condición?
—Intentemoslo.
—¿Intentar qué? —indagó.
—Tener una relación —acotó decidido.
—¿Qué sientes por mí? —inquirió ella interesada.
—No lo sé —respondió en automático.
—No lo sabes, y quieres estar conmigo.
—Bueno, me gustas.
—¿Seguro has tenido novias antes? —espetó con gracia.
—¿Acaso quieres que se