—No te enojes, Sara —musitó su amiga con la voz ahogada.
—No, no me enojo cariño. Me asombra, aunque en el fondo me lo esperaba.
—Ya se enteraron todos sus empleados y estuvieron reclamándome por lastimar a Anne.
—¿El chofer y el de seguridad te reclamaron por Anne? —preguntó confundida—. Voy a empezar a pensar seriamente lo que me has dicho antes.
—¿Qué cosa? —Sorbió las lágrimas.
—Sobre que ellos no son verdaderamente sus empleados. Hay algo en la cocinera que me hace ruido, sé que me dij