Capítulo 89. El precio de la verdad.
El abogado de traje gris no esperó un segundo más. Tomó su maletín con un movimiento violento, sin mirar a su clienta. El sudor le corría por las sábanas de la frente, empapando el cuello de su camisa.
—Este caso queda oficialmente cerrado por nuestra parte, señor De la Vega —declaró el jurista, con una voz que delataba su prisa por salir de ese despacho—. No fuimos informados de estas evidencias. Con su permiso.
—¡¿Qué?! ¡No! —chilló Pierina, girándose hacia él con los ojos desorbitados—. ¡Tú