Capítulo 168. La pequeña francesa.
Meses después.
París amaneció gris, no lluvioso. Tampoco tormentoso. Simplemente gris.
Ese tipo de cielo que parece contener la respiración junto contigo.
Julien Moreau llevaba exactamente cuarenta y siete minutos caminando de un lado a otro del salón.
Alessandra lo observaba desde el sofá.
—Te vas a gastar el parquet.
—Estoy pensando.
—Estás haciendo un agujero en el suelo.
—También puede ser.
Ella sonrió.
—Julien.
—¿Sí?
—Siéntate.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque si me siento, significa que acep